El Tribunal de las Aguas de Valencia

En el corazón de la ciudad, junto a la majestuosa Catedral de Valencia, cada jueves a mediodía se celebra una tradición que viene perdurando por más de mil años: el Tribunal de las Aguas de Valencia. Este tribunal es el más antiguo de Europa y uno de los más antiguos del mundo, y representa un símbolo de justicia y equidad en la gestión del agua, un recurso vital para la región.

 

Orígenes y Función

El Tribunal de las Aguas de Valencia, también conocido como el Tribunal de los Acequieros, se originó en la época musulmana, alrededor del siglo X. Su principal función es la resolución de conflictos relacionados con el riego y el uso del agua entre los agricultores de la Huerta de Valencia, una extensa área de tierras fértiles que rodea la ciudad.

Este tribunal se encarga de administrar y regular el uso de las aguas del río Turia, que se distribuyen a través de un intrincado sistema de acequias. Cada jueves, los representantes de las ocho acequias principales se reúnen para resolver disputas y asegurar que todos los agricultores reciban el agua necesaria para sus cultivos. Debe procurar que haya agua suficiente para los regantes, pues si falta agua en la vega, también falta agua en la ciudad.

 

Estructura y Procedimiento

El Tribunal está compuesto por un síndico (representante) de cada una de las ocho acequias: Quart, Benàger i Faitanar, Mislata, Tormos, Mestalla, Favara, Rascanya y Rovella. Estos síndicos son elegidos democráticamente por los agricultores y tienen la autoridad para tomar decisiones vinculantes, pues el Tribunal está reconocido en la Ley Orgánica del Poder Judicial, en nuestro Estatuto de Autonomía y por el Tribunal Constitucional.

El proceso es sencillo pero eficaz: las partes implicadas exponen sus casos oralmente y sin intermediarios, y los síndicos, con su profundo conocimiento del sistema de riego y las normas tradicionales, dictan una resolución de manera inmediata. No se utilizan documentos escritos, lo que facilita un procedimiento ágil y directo. Al agricultor perjudicado le basta con denunciar ante el guarda a quien le ha causado daño, y el guarda procede sin más a denunciarlo para el jueves siguiente ante el Tribunal.

Todos los jueves a las doce, en el momento que comienzan a sonar las campanas del Micalet, sale la procesión de Síndicos ataviados con su blusa de labrador, desde la casa Vestuario a la porta de la Seu. Abierta la sesión, el Alguacil comienza la llamada de los denunciados para que comparezcan ante el Tribunal, y lo hace por orden de las tomas, desde la primera acequia que toma sus aguas del río hasta la última. Si hay denunciados éstos son acompañados por el guarda de la acequia correspondiente ante los Síndicos, quienes interrogan al denunciante y al denunciado y, en su caso tras oír al guarda y testigos, dictan sentencia con condena a penas, costas, daños y perjuicios conforme a las ordenanzas de la acequia, o de absolución.

 

Un Patrimonio Vivo

El Tribunal de las Aguas de Valencia es reconocido no sólo por su antigüedad, sino también por su continuidad y relevancia en la actualidad. En 2009 fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, destacando su importancia como un ejemplo vivo de justicia comunitaria y gestión sostenible del agua.

 

 

La Relevancia Actual

Hoy en día el Tribunal de las Aguas sigue cumpliendo su función con la misma eficacia que hace siglos, adaptándose a los desafíos modernos sin perder su esencia tradicional. Inspira soluciones para la gestión del agua en otras partes del mundo, especialmente en un contexto global de creciente escasez de recursos hídricos.

No obstante, el aumento de la concienciación de los agricultores cuidadosos con las normas y que muchos denunciados prefieren alcanzar un acuerdo que les libere de comparecer ante el Tribunal, hace que cada vez haya menos casos, aunque el Tribunal se formará siempre, puntualmente cada jueves, fiel a su tradición.

El Tribunal de las Aguas de Valencia es mucho más que una curiosidad histórica; es un testimonio de la sabiduría y la resiliencia de una comunidad que ha sabido preservar y adaptar sus tradiciones para servir a las necesidades contemporáneas.       

Para los estudiosos del derecho el Tribunal de les Aigues de Valencia es un ejemplo de oralidad, concentración, inmediatez, publicidad, contradicción, imparcialidad, predeterminación y rapidez. Todos ellos principios básicos que la justicia de los acequieros cumple desde hace cientos de años.

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